El mensaje ya no cala

El mensaje ya no cala

Jerónimo Tormo,

'Pacheta' ha desviado el rumbo. El camino de las excusas ha acabado por cansar a un entorno que, de tanto repetir, se ha aburrido de las mismas frases hechas vacías de contenido cuando lo que se ve sobre el terreno de juego dista tanto de la realidad del mensaje de la sala de Prensa. El burgalés ha optado por un hilo musical en bucle que no siempre se corresponde con la realidad de un césped que rara vez engaña.

El técnico se ha convertido en preso de sus palabras con decisiones que no acompañan su teoría del insistir. Su constante obsesión con las decisiones arbitrales, o la capacidad de un equipo de jugadores de currículum de Segunda División B la temporada pasada, han acabado por desbordar el vaso de la paciencia de quien es capaz de ver más allá de las palabras y darse cuenta de que no se corresponden con los hechos.

No es la primera ocasión, y viendo los antecedentes no parece que vaya a ser la última, en la que el burgalés peca de lentitud a la hora de tomar decisiones durante el transcurso del juego. No se trata de analizar a toro pasado, se trata de analizar y sólo se puede valorar lo que sucede cuando el final toca a la puerta. El equipo ofrece sensación de grupo que crece con el paso de las jornadas, con futbolistas que van cuajando en la categoría, pero con un banquillo que tropieza constantemente con la misma piedra.

Oviedo, Cádiz, Alcorcón y Córdoba han sembrado una seria duda de capacidad a la hora de manejar los tiempos de los partidos para cerrarlos. Los jugadores son los que marcan los goles y los que los fallan pero los entrenadores son los que deben mandar mensajes con sus movimientos de pizarra. ‘Pacheta’ ofrece una imagen de entrenador que prepara muy bien los partidos  durante la semana pero que, cuando se le empiezan a mover los muñecos sobre el verde, no tiene como fuerte la reacción táctica para equilibrar la balanza.

El problema del burgalés ya no es el verde. Su problema se ha convertido en empeñarse en desviar atenciones, con mensaje en ocasiones en forma de interrogante sobre si alguien puede sacar más partido a este grupo, hablando de situaciones que, por muy reales que sean, deben pasar de puntillas. Si el entrenador analiza, como él mismo se refuerza en su mensaje, lo que sucede con su equipo, el rival, o incluso los árbitros, porque son elementos que tiene consecuencias en el resultado final de un partido, también debería mirarse su ombligo y darse cuenta de que su labor en el banquillo, hasta el momento, tiene más errores que aciertos, a la hora de reaccionar.

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