El deporte, motor de la ilusión

El deporte, motor de la ilusión

Jerónimo Tormo,

Domingo, fútbol. ¿Qué hay más normal que acudir el último día de la semana a animar a tu equipo? Ese debe ser el objetivo. Recuperar la cotidianeidad de los pequeños detalles, esos tan insignificantes y habituales que ahora echamos de menos. Se valora lo que se tiene sólo cuando se pierde. Éramos y felices y no lo sabíamos. Qué gran verdad. Qué gran manera de desmontar una realidad que se ha escapado, como arena entre los dedos, sin darnos cuenta. Perdidos en los detalles absurdos de las quejas. Miramos ahora de frente la realidad, recapacitamos y entendemos lo ignorantes que hemos sido, víctimas de nuestra prepotencia. Esclavos de la rutina que marcan los horarios y los calendarios sin entender que se vive viviendo.

Todo pasará, mejor o peor. De nosotros dependerá salir reforzados o debilitados como sociedad. De nosotros dependerá que la vida vuelva a ser normal y disfrutemos de nuevo de esos pequeños detalles. Será necesario aparcar rencores y dosificar egos para que la herida social y económica que deje está maldita crisis sanitaria del coronavirus no una en lugar de separarnos. Necesitamos ilusión, emoción, pasión. Empuje y entretenimiento. Optimismo, mucho optimismo, y por qué no, tristezas y decepciones que hagan entender que el deporte es tan sólo un juego para el ser humano. Todo eso debe devolverlo el fútbol. El motor de la ilusión. Noventa minutos semanales de terapia en el Martínez Valero, o frente al televisor, para recordar sonrisas y olvidar penas.

Pero no sólo el fútbol. Todo el deporte en general. Del balonmano al baloncesto, pasando por el fútbol sala, el voleibol, el atletismo, la natación y cualquier disciplina que permita disfrutar con la superación individual y colectiva del ser humano. Animar desde el sofá de casa o desde la butaca del pabellón. Disparar la adrenalina. Sentir, vibrar, disfrutar. Recuperar la normalidad con una sonrisa que sea la única curva de la que se deba hablar cuando ganemos este partido a la pandemia. Ojalá toda esta situación destile sus matices para separar lo negativo de lo positivo, ojalá aprendamos y el covid-19 no sea una página más de la historia médica de nuestra civilización. Qué no sea cuestión de humanidad transitoria y la lección se quede grabada a fuego en nuestras memorias. Sería la mejor victoria.
 

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